27 de agosto de 2016

GLOBO AMARILLO





Fea. Se supo fea desde el principio. En el kínder, en la primaria. Pocas amigas, esporádicas invitaciones, cero galán. Ser fea era como una misión. Descubrió que ser maestra jardinera la protegía, los alumnos festejaban sus cuentos y marionetas, cariñitos.

Sábado. En la zona congelados del super, Juanjo intenta calmar a su hijo que clama y gime y lloriquea. Es desconsuelo. Ella se le acerca.
-Hola, me llamo Ely, ¿cómo te llamas?
-Nico –el chico ni abandona el sollozo.
-¿Y qué estabas comprando?
Nico revuelve el carrito. Suspendió –no garantiza que sea definitivo- el llanto; relata su cumple de cuatro, nombra al amigo de pecas y a la amiga que abraza en demasía y, ya hacia el final, sin que mediara pregunta, explicita que extraña a su mamá.
El padre interviene. A Nico le toca ese fin de semana estar con él pero se resiste, además la madre no está ubicable. Ese padre parece pronto también a desarmarse ahí mismo.
La conversación continúa en las Cajas, y pasa a la heladería. Los adultos café, Nico cucurucho doble crema. Los adultos se explican, Nico interrumpe. Los adultos ven desfilar la tarde, Nico duerme apoyado en las piernas de Ely.
A la hora de intercambiar números telefónicos, Ely dicta uno inventado.

Sábado. Mes y medio después. Ely llama a Juanjo. Te estuve buscando, parece que anoté mal, encima no lograba recordar tu apellido. Te mentí, tenía miedo, no sabía qué querías de mí y menos que quería yo, soy fea. Y yo soy melancólico y temo que vuelvan a abandonarme pero sé que quiero verte de nuevo. ¿Puedo pensarlo? No: esta tarde te esperamos en la heladería, a las cinco, llevaré una flor en el ojal y Nico un globo amarillo







14 de agosto de 2016

CLOE Y JAVIER




Cloe (11 años), Javier (13 años) en el patio de la escuela besos y besos. A la semana finalizan las clases, ella se muda de barrio.
Cloe (16) y Javier (18) se topan en un shopping. Hablan de a montón; después hacen el amor, ella clara y declaradamente inexperta, él otro tanto pero no lo sabe.
Cloe (25) devotísima de una nueva pareja, en una reunión de ex alumnos, se sienta junto a Javier (27)enamoradísimo de una morocha. De inmediato combinan una escapada al mar, apenas por el fin de semana. La culpa impide el disfrute y deciden retornar. A punto de despedirse, sin embargo, ella conoce el placer, él la terneza sin límite y el abrazo redentor.
Cloe (41) de nuevo separada, cuando su padre derrapa en el tobogán de la demencia senil, recurre a Javier (43, casado, dos hijas) neuropsiquiatra de prestigio. En cuanto ingresa al consultorio sabe de golpe que ese hombre ha sido el amor de su vida, en tanto él jamás ha dejado de pensar en ella, de invocarla. Allí mismo besos y besos.
Cloe (43, separada) y Javier (45, divorciado, dos hijas), comienzan a vivir juntos, adoptan una perra, alquilan una casa con huerta. Y en el patio de esa casa, 25 años después, henos aquí a los invitados: se casan, con alianza de oro, ramo de novia, y pastel de pisos y merengue.



7 de agosto de 2016

MALDITO CORAZÓN




Dijo Fernando Pessoa: “…el corazón si pudiera pensar se pararía.”
Maldito corazón.
Se trata del Corazón, con mayúscula. 
Bombita aspirante e impelente, allí señalamos cuando nos estrangula la congoja o nos enamoramos. Ese musculito de apenas 200 gramos, que empezó a latir mucho antes de nuestro nacimiento -cuando éramos simple renacuajo- puede hacerlo 3.500 millones de veces, sin interrupción, toda nuestra vida.
Lo transbordamos dentro, sin él no seríamos quienes somos. 
La borrasca mental escampa en cuanto el corazón se revela, la odisea pensante suspende. Pone coto a racionalizaciones y enciende la alarma no bien la autoexigencia te subió a la calesita de las prohibiciones.
Es el lugar del amor. Escucha mi corazón, lo digo de corazón. Si me dejas me rompes el corazón. Ya te lo entregué. Lo que mi corazón siente/sabe/ teme/desea no lo ha de acallar nadie. Logo de la ciudad idealizada. Bécquer, mucho Bécquer. Boleros, tangos, cantatas profanas. Elvis, Nina, Charly. Colgarse, comer, garabatear corazones. Todas tus cartas, todo tu diario, casi todos los libros. 
Bendito corazón.


de mi novela: NADA MENOS



31 de julio de 2016

LISTAS





Cada vez que alguien se le acercaba  iba registrando sus defectos en una lista minuciosa, serpenteante e irrefutable, y con esa lista logró aferrarse a las soledades.
Sin embargo.
En un lugar imposible, casi sin darse cuenta, conoció a la persona perfecta. Dejarse mirar en silencio, como había soñado. Cocinar tonterías, comer con las manos. Leer y leerse en voz alta. Caricias inexpertas. Caricias contenidas. Verano y desnudez en la noche de grillos. Helados a la vera del río. Anadear sin zapatos incluyendo veredas pares e impares. Y promesas de amor y de  gato compartido.
Sin embargo.
Cierto domingo de desayuno en la cama, al ver que se zambullía un cuchillo con resto de manteca en el frasco de mermelada, no logró acallar a la lista que emergía enresortada. Y en esa lista fue velozmente acopiando tanto detalle, tanta diferencia, tanta incompatibilidad como antes, como solía.
Dejó la nota en el espejo del baño. Me voy, decía. No es posible, decía después. Tal vez un día regrese, pero no sé. Te amé y sin embargo.




24 de julio de 2016

MILAGROS, CONSUELO





En mi consultorio, de pie ante la biblioteca, allí está Simón. Una primera entrevista.
Se fue, dice. Se fue. Y a pesar que sabía que iba a suceder, lo negaba. Y ahora menos puedo soportarlo. Traté de que no se marchase haciendo lo que imaginé que servía, todo lo que me habría pedido si hubiera pedido algo. Después –continuó Simón- comencé a esperar un milagro, sí, el milagro que detuviera su partida. Incluso creo, no puedo asegurarlo, recé para que el milagro llegase.
Simón limpia sus anteojos sin prisas. 
Sabe, dice, en la sala de espera de un hospital, frente a la puerta prohibida de terapia intensiva, uno cree que estar allí insomne, absorto, sin sed ni hambre, ayudando a los nuevos con sus propias ilusiones, salvará al ser querido. Y poco a poco, los allí presentes, van erigiendo un radar para cada gesto del personal, alguna hendidura de las medidas de seguridad e imperceptibilísmos cambios que nos confirmen que al fin el milagro acaeció y entonces  ya no se irá, prontó estará de regreso en casa y volverá a decir pá, má, mi niño, mi niño que decía pá y má.
Sentado frente a mí. 
Sabe, dice, después de que partió enmudecí, mejor dicho no quise que nadie me hablara. No soportaba las alusiones, los intentos de animarme. Ay, odio las palabras de consuelo. Y por eso la llamé, y le pedí esta entrevista y aquí estoy: quizá acá pueda escuchar algo distinto.
Simón vino a escucharse a sí mismo en el camino al consuelo.


10 de julio de 2016

EL NOMBRE DE LAS COSAS





Fue la primera vez. Fue un verano. Fue en aquella casa. Fue de improviso. Fue a pesar de mis miedos. Fue a pesar de sus miedos. Fue porque aceptó argumentos. Fue de noche y de repente. Fue atolondrado. Fue de azoro y rubor. Fue envolver, ceñir. Fue entre suspiros. Fue entre sollozos. Fue ir rastreando y hurgando. Fue manso tibio apacible. Fue en estribor. Fue irrumpir y adentro y dentro. Fue como si las cosas tuvieran un nombre y ese nombre era el de nosotros y de lo que se sabe sentir y no se sabe que se siente. Fue pedir aquí y así y exigir más. Fue desbocar o como se llame. Fue graznar. Fue permanecer en ese largo después para volver a respirar. Fue dejar que eso que parecía el cielo cayese sin reparos sobre nuestros alientos. Fue la primera vez. Ella era virgen, yo también.


3 de julio de 2016

EMERGENCIA



Fue mi paciente hace muchísimo. Dejó el tratamiento casi de inmediato. Aun así, de vez en cuando toma un par de sesiones para revisar lo ya revisado. Ayer me llamó, muy tarde.
-¿Es una emergencia? –quise saber.
-¿Emergencia? De alguna forma sí. Es el amor, el amor que viene galopando y que me ha colocado en un tembladeral.
Después de algunas relaciones parcas, bobas, artificiosas, devino la soledad. No iba a resignarse, se dijo. Y un día, unos meses, unos años después, se dio cuenta que sí, que se había resignado y deambulaba simulando esa sensación de que nada iba a cambiar y que tampoco valía la pena cambiarlo. 
-Así que tembladeral…
-…nos conocimos hace poquito, en casa de mi prima. Nos gustamos. Nos hablamos todos los días al principio, después a cada rato. Imagínese solitarios enzarzados, encontrando lo que ni sabían que había que buscar. Nos besamos hasta perder la razón, asaltamos nuestros cuerpos deslucidos, hicimos el amor hasta la extenuación, hasta desvariar. Y cuando todo parecía peligrar, cuando el miedo a perdernos afloró, decidimos que era mejor estar juntos en todos los juntamientos. La llamo (perdón la hora) porque estamos organizando una reunión, pequeña, para los que nos conocieron cuando éramos quienes éramos: nomás para mostrarles como viene este amor acaeciendo. De modo que es una emergencia en tanto tiene que ser ahora, antes de que seamos lo que el amor nos está convirtiendo.
-¿Cuándo será ese encuentro?
-Este sábado, a la tardecita. Le mando la dirección.
-Allí estaré, sin duda. ¿Qué llevo?
-Traiga a quien la quiera bien.